Noa Noa… donde todo es diferente

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A escasas cuadras del puente fronterizo Santa Fe, se ubica un salón de baile registrado en la historia como «Río Bar», durante su inauguración en el año 1852, sobre la avenida Juárez y a la altura de la calle María Martínez.

En el año 1964, re-abrió sus puertas y cambió la vida no sólo de Juan Gabriel, sino de toda una generación de músicos, un grupo local «Los Prisioneros del Ritmo», durante la época del rock n’ roll, The Beatles y The Rolling Stones, interpretaban las canciones de famosas agrupaciones en inglés y español, causando revuelo en la ciudad e impulsando las ventas del negocio. Gran parte de la clientela eran los militares de una base cercana durante la Guerra de Vietnam, eran aproximadamente 20 mil soldados, mismos que gastaban todo lo que tenían porque desconocían si sobrevivirían y volverían alguna vez.

Recuerda David Bencomo Licondo, hijo del propietario que, ‘Meche’ – cliente asidua del lugar y amiga de Juan Gabriel – lo metió de contrabando, porque él sólo tenía 16 años; en 1966 Meche pidió a los músicos del lugar que acompañaran a Alberto, sin embargo, fue hasta 1967 que permitió que Juan Gabriel entrara como miembro del grupo del lugar. En esa época su nombre artístico era Adán Luna.

De acuerdo a datos históricos, se dice que primero hubo un incendio en el año 1994 hubo un incendio que afectó inmensamente la infraestructura además de dejar en el olvido varias memorias del lugar. En otras publicaciones, se hace referencia a que el incendio tuvo lugar en el año 2004, causado por un cortocircuito y redujo el lugar a cenizas. Las pérdidas fueron calculadas en alrededor de un millón de dólares.

Hubo un comprador, que tras diversas entrevistas dijo que aún no sabría qué giro daría al lugar, desafortunadamente, lo convirtió en un estacionamiento, para cubrir las necesidades de la población.

Del salón solamente queda una placa conmemorativa en la acera. Tras la muerte de Juan Gabriel, el dueño se enteró de que los abogados del finado, habían ya registrado ‘Noa Noa’ y era necesario la cesión de derechos por parte del artista para poder utilizar el nombre.

Ojalá el sector empresarial, apueste por invertir en uno de los lugares que es parte de la tradición local e histórica de la música, especialmente parte de un ícono como lo fue Juan Gabriel, no sólo para los juarenses, sino el mundo.

Nuestra ciudad es cuna de memorias de diferentes generaciones, ya sea por una borrachera, un día familiar, un amor eterno o alguna promesa… Debemos apostar por nuestra localidad y el rescate de lo que aún nos queda, no se puede dar la espalda a nuestro patrimonio histórico.

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